Venezuela a pie: Un mundo perdido en el tiempo (III Parte)
Texo y foto por Alberto Corona
En el corazón del estado venezolano Bolívar se encuentra uno de los lugares más fabulosos del mundo por su infinita variedad de recursos naturales y espectacular belleza paisajística, conocido hoy como Parque Nacional Canaima.
Durante nuestro recorrido por este paraíso terrenal, pudimos apreciar como innumerables ríos, caudalosos unos, tranquilos otros, se entretejen con el verde de la selva o serpentean por las sabanas abiertas.
En la lejanía a los tepuyes, voz indígena Pemón que significa montaña, rompen el horizonte, y en la medida que uno se acerca a estos colosos ancestrales es llevado de la mano a épocas remotas.
Aquí reposan las rocas más antiguas de la geocronología del plantea, pertenecientes a período precámbico, cuya data se calcula entre mil 500 y dos mil millones de años.
Hogar de los dioses de la mitología indígena, de sus cumbres aplanadas y escarpadas paredes verticales de arenisca rosada o amarillenta descuelgan cientos de cataratas para conformar uno de los paisajes más sobrecogedores del mundo.
Acá se encuentra el majestuoso Auyan-Tepuy o Montaña del Diablo de dos mil 400 metros de alturas sobre el nivel del mar y desde donde surge el Churúm-Merún o Salto Angel, que con una caída libre de 979 metros es el más alto del planeta.
Este lugar enigmático reúne unos 40 tepuyes, entre los que destacan el Kurún Tepui o Cerro del Zamuro (a mil metros sobre el nivel del mar), el Kurawaina o El Hilo del Arco (mil 100 metros) y el Topochi (a 900 metros).
Estos tres últimos se pueden admirar mientras se navega en curiara o lancha por la laguna de Canaima rumbo al salto El Sapo, al cual le anteceden las cascadas Ukaimá (atracción de las personas), Kauyipá Merú o Golondrina, Hacha y Wadaima.
Según las creencias indígenas, los habitantes y guías no deben mirar fijamente a este, pues el inexperto y curioso podría ser absorbido por ella sin retorno.
La fauna silvestre del lugar y su exuberante flora participan también de este concierto de vida, que combina selva, valles, bosques y sabanas con vientos y lluvias torrenciales alternados con cielos abiertos de un azul incomparable.
Grandes mamíferos como la danta o tapir (Tapirus terrestris) rondan la espesura de estas tierras, mientras el jaguar (Phantera onca) impone su supremacía en estos ecosistemas.
Otros animales comunes, que no fáciles de ver, son el oso melero, el venado matacán rojizo, la comadreja, el mono machín, el zorro cangrejero por solo citar algunos.
En Canaima la vida silvestre de las regiones bajas encuentran refugio en las selvas y bosques de las galerías que las tapizan, mientras en los tepuyes varía según la altura, con una significativa presencia de reptiles y anfibios, muchos de ellos endémicos.
Sin embargo, las autoridades del lugar explicaron a reportero que cinco mamíferos están en peligro de extinción, como son el oso hormiguero gigante u oso palmero (Myrmecophaga tridactyla), el armadillo, la nutria gigante, así como el tigre mariposo y el ocelote o cunaguaro manigordo.
Asimismo, numerosas especies de ranas y sapos habitan cerca de las quebradas y zonas húmedas, entre los que destaca el sapito minero, como le llaman los lugareños.
Sus colores brillantes son una advertencia a posibles depredadores, pues su piel está impregnada de una poderosa toxina, por lo que frecuenta las áreas rocosas cercanas a los ríos con aparente despreocupación.
Entre las aves más vistosas están el gallito de las rocas (Rupicola rupicola) y la colorida guacamaya roja (Ara chloroptera), además de una infinidad de especies, algunas endémicas.
Por otra parte, en Canaima se han registrado 72 especies de reptiles, entre los que se encuentran el camaleón sabanero, baba de hocico liso, la iguana, el morrocoy selvático y numerosas serpientes, varias de ellas venenosas como la cascabel.
La variedad climática y los diferentes niveles altitudinales, unidos a una gran diversidad de fauna y flora, hacen de este parque de tres millones de hectáreas un único y verdadero mundo perdido.
En nuestra próxima entrega, este reportero llevará a sus lectores hasta el incomparable Churúm-Merún.
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