Amazonía versus Indiferencia
Por Alberto Corona
Bogotá.- Si bien la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 proporcionó una visión de la Amazonía más cercana a la realidad, no obstante, aún hoy esta región reguladora de oxigeno y gas carbónico para Suramérica y el mundo, es objeto de indeferencia por parte de algunos gobiernos que comparten este basto territorio ante los disímiles factores que inciden negativamente en su entorno.
Esta región que se inventa y recrea constantemente, y donde persisten no pocos mitos, desempeña un papel ecológico importante a nivel mundial, toda vez que abarca un tercio del total de los bosques tropicales del planeta, sus ríos constituyen la quinta parte del agua dulce que circula por la corteza terrestre, y es poseedora de una diversidad ecológica insuperable.
Sin embargo, cuando se habla de la Amazonía no existe un consenso claro sobre su definición, pues diferentes factores, como la cuenca hidrográfica, la selva tropical húmeda o los criterios administrativos o legales, pueden delimitarla, como bien reflejan trabajos investigativos sobre el tema. Para algunos existen varias Amazonías, las cuales conforman una gran región, donde cada una tiene una distribución regional diferente, que se expande por nueve países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela.
De ello se puede concluir que más allá de lo que suele pensarse, la Amazonía no es tan homogénea como se pretende, sino que es heterogénea tanto en su historia como ecosistema, así como en los diversos problemas que inciden en esta área geográfica y los pueblos originarios que en ella habitan.
Partiendo de este criterio, el senador y miembro del Parlamento Amazónico colombiano Ernesto Ramiro Estacio, indígena nacido en el Resguardo de Panan-Cumbal, accedió a dialogar gentilmente con este reportero, a fin de acercarnos a las especificidades de las problemáticas que impactan en una superficie de 477 mil 274 kilómetros cuadrados, región amazónica colombiana que abarca el 42 por ciento del territorio nacional con una riqueza exuberante, diversa, marginada y desconocida.
Para Estacio unos de los principales retos en defensa de la Amazonía en su país es asumir en serio todo lo relacionado con esta temática, donde además del calentamiento global, existen también especificidades preocupantes a nivel territorial.
En ese sentido señaló que el Parlamento Amazónico colombiano viene planteando, a partir de denuncias formuladas por las comunidades originarias que habitan esa región, estrategias dirigidas a mitigar el impacto de la presencia de hidroeléctricas, la minería, la extracción petrolera, la expansión de las fronteras agrícolas, entre otros problemas, que amenazan la biodiversidad y la propia existencia de esos pueblos.
Nos preocupa y es un gran desafío también conocer cuáles van a ser las políticas y las acciones que este parlamento, obviamente en concertación con las autoridades indígenas, deben hacer para no permitir que se siga saqueando las riquezas de esta región, los saberes y conocimientos de estas culturas, puntualizó.
Estacio planteó que durante un reciente recorrido por Leticia, capital del departamento Amazonas, pudo constatar que una de las preocupaciones precisamente de estas poblaciones es la protección de los saberes, de las tradiciones y costumbres, así como de las semillas, es decir, el saqueo de la biodiversidad de la Amazonía.
En ese contexto, el senador consideró que el papel que desempeña el Parlamento Amazónico no tiene un eco muy amplio, aunque reconoció que se ha logrado visibilizar la problemática por medio de los debates de control político, del cual fue objeto el Ministerio del Ambiente.
Sin embargo, acorde con lo expresado por Estacio, de ese control político, el cual incluyo cuestionamientos en torno a cuáles son las estrategias, acciones y políticas gubernamentales frente a la Amazonía y sus fronteras y de la protección de los saberes de los pueblos indígenas, quedó evidenciado un desinterés e indiferencia por parte del Estado.
Más bien –apuntó- lo que encontramos es una apertura, por parte de las políticas gubernamentales, a la presencia de las multinacionales para explotar, mediante nefastos megaproyectos, los recursos de la región en detrimento de las culturas originarias y el territorio, cuyo título de “el pulmón del planeta” que ostenta no es metafórico ya que mantiene un equilibrio climático, en ingresos y salidas balanceadas de dióxido de carbono y oxigeno para el planeta.
El senador dijo que ve con preocupación como se saquea la Amazonía colombiana a favor de intereses particulares, que desconocen los intereses de los pueblos milenarios que en ella habitan, e incluso atentan contra su propia supervivencia.
Estas inquietudes están también vinculadas con las privatizaciones que se llevan a cabo en la región, ante lo cual el parlamentario opinó que se da un fenómeno muy grave con relación a la ampliación de las áreas protegidas, lo que constituye una paradoja.
Hemos visto como con dicha ampliación detrás vienen privatizaciones a favor de las multinacionales, es decir, se ensanchan las áreas protegidas para luego ser vendidas a intereses particulares para su desmedida explotación bajo el argumento de un supuesto desarrollo, advirtió.
Por ello el senador insiste en que se debería dejar que las comunidades indígenas que habitan esa área geográfica, con capacitación, formación, educación y acompañamiento técnico sean las responsables del cuidado de la Amazonía, con el objetivo de que esa zona productora de oxigeno y rica en biodiversidad permanezca como tal y no sea intervenida.
A su vez, entre los disímiles problemas que enfrentan las comunidades originarias, Estacio enumeró seis de las tantas que las afectan, relacionadas, en primer lugar, con la indiferencia del Estado ante pueblos enteros sumidos en la miseria absoluta y el abandono, la explotación de los recursos naturales o de petróleo en sus territorios, donde se viola el procedimiento de la consulta previa y la concertación.
Otro problema básicamente, agregó, es a raíz de la bonanza de la coca, donde las fumigaciones emprendidas por el Estado para erradicar su cultivo contaminan el agua y los alimentos. “Podría decir que se ha fumigado también culturas indígenas en la Amazonía que ahora están evidenciando problemas de salud, ajenos a estos pueblos”.
A todo ello se añade el tema de la educación, pues si bien el gobierno pretende atender a los indígenas en este sentido, vemos que no hay una educación diferenciada dirigida a proteger su cultura en la diversidad de cada pueblo porque hay diferentes lenguas y costumbres que deben ser respetadas en ese marco, pero, explicó, lo que se lleva a cabo es una política global al respecto, perjudicial para estas comunidades.
Comentó que el problema económico incide negativamente, pues muchos de estos pueblos son recolectores, viven de la caza o la pesca, y no se les incentiva la producción de su autonomía, de su propio alimento, sino que se les lleva a un existencialismo y dependencia totalmente extraño a estas culturas. “La Amazonía no es para este tipo de cosas, debe ser para generar proyectos productivos que generen autonomía alimentaria y procesos de gobernabilidad sanos”, apostilló.
No obstante, en medio de este sombrío panorama, Estacio refirió que en Leticia se han venido ejecutando proyectos positivos a partir de iniciativas propias por parte de la comunidad. Ahí, ahondó, los cabildos indígenas están organizados de tal forma que han logrado concretar una mesa de concertación entre sus pueblos, gobierno departamental y gobierno nacional enfocando un modelo de administración propia, donde se conciertan sus políticas y proyectos.
Son las comunidades en el marco de esa autonomía quienes ejecutan proyectos, y esto constituye una experiencia positiva nacida de ellas, lo que es una ventaja frente a lo que se pretende llevarles desde fuera, lo cual es perjudicial para estas culturas. De ahí que la propuesta, en todo caso, debe estar encaminada más bien a como permitir que estas entidades autóctonas dentro de la Amazonía propongan sus propias políticas y se les apoyen, enfatizó.
Pero la realidad del otro lado, es el desinterés del gobierno colombiano frente a estas problemáticas, bajo cuya complicidad se abren las puertas para la expansión de las multinacionales e iniciativas de tardío rendimiento como la palma africana para la fabricación de agro-combustibles, la presencia de las caucheras y las petroleras, que ven a los pueblos indígenas como obstáculo a sus intereses.
Asimismo, la violencia y el desplazamiento forzoso, a raíz del prolongado conflicto interno y el narcotráfico tiene consecuencias incalculables para estos pueblos, atrapados en un fuego cruzado en total desprotección, a lo que ahora se le suma la militarización de la región producto de un eventual acuerdo militar entre Washington y Bogotá, que permitiría una elevada presencia de soldados norteamericanos en el territorio nacional.
Lo cierto es que muchas son las fragilidades que enfrenta la Amazonía colombiana, en la cual también inciden factores a nivel global, donde los pueblos indígenas que la habitan reclaman a la comunidad internacional que simplemente se les reconozcan sus derechos. Este podría ser un buen punto de partida.
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