Realidad climática extrema sacude a Colombia en 2010
Por Alberto Corona
Bogotá.- Colombia vivió en 2010 el azote de dos fenómenos climatológicos cada vez más extremos, que unidos a los efectos del cambio climático a nivel global, comienzan a modificar la forma de vida de sus habitantes.
Tanto El Niño como La Niña han trastocado el régimen climático del país, al punto de hacer más intensas las temporadas de secas y lluvias con efectos desastrosos y dramáticos; una realidad a la que tendrán que adaptarse y sobreponerse los colombianos, al decir de expertos.
El año arrancó con un intenso verano como consecuencia del fenómeno climatológico de El Niño (calentamiento de las aguas del océano Pacífico), con registros de temperaturas sin precedentes y una sequía que redujo a niveles extremos los recursos hídricos en gran parte del territorio nacional.
Incendios forestales, embalses por debajo del 50 por ciento de su capacidad, caudalosos ríos convertidos en riachuelos, miles de hectáreas de cultivos afectadas, color intenso y más de un centenar de municipios privados de agua, fueron algunas de las calamidades que ocasionó El Niño a su paso.
Ciudades como Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Calí, entre otras, reportaron en sus termómetros niveles muy por encima de sus promedios históricos, con un consecuente repunte de enfermedades vectoriales, así como quemaduras en la piel por cuenta de los fuertes rayos solares.
Por otra parte más de 30 mil hectáreas de vegetación fueron arrasadas por las llamas con afectaciones directas en 347 municipios del país, lo que obligó al Estado tomar medidas extremas como el cierre de parques nacionales y prohibir los denominados "paseos de olla", los cuales originaron varios incendios en distintas zonas, en plena temporada de verano.
Tal situación descrita llevó a las autoridades colombianas decretar en enero la situación de desastre nacional en casi la totalidad de los departamentos que conforman el país, a fin de controlar -mediante una mayor obtención de recursos- la emergencia presentada.
En tanto, el impacto de El Niño en el sector agrícola y ganadero fue considerable, al tiempo que ríos emblemáticos como el Calí, el Magdalena y el Cauca registraron una significativa y severa estreches ante la ausencia de lluvias.
Así llegó mayo y con las primeras precipitaciones El Niño se alejó para dar paso a La Niña (enfriamiento de las aguas), cuya severidad ocasionó uno de los peores desastres ambientales, económicos y sociales en la historia reciente de Colombia.
Aún cuando restan pocas horas para que concluya el año, sus efectos devastadores amenazan con prolongarse hasta principios de 2011, acorde con los pronósticos más conservadores de los especialistas.
Al cierre de este resumen las lluvias asociadas a la actual temporada invernal arrojan un saldo de 300 muertos, 289 heridos, 59 desaparecidos y dos millones 171 mil 874 damnificados, que integran 448 mil 254 familias, de acuerdo con información recopilada por los organismos de socorro y los comités Regionales y Locales para la Prevención y Atención de Desastres.
Tal ha sido la magnitud del desastre ocasionado por las inundaciones, que cuatro departamentos reportan más de 200 mil damnificados; Bolívar con 389 mil 10; Magdalena (282 mil 595); Atlántico (228 mil 908) y La Guajira (216 mil 788).
A ello se añaden tres mil 614 casas destruidas y 316 mil 114 averiadas en todo el territorio nacional, además de un millón 324 mil hectáreas dedicadas a la producción de alimentos y a la ganadería bajo las aguas, sector agrícola que demandará al menos más de 500 millones de dólares para recuperar su capacidad empresarial y productiva.
Asimismo, informes divulgados por el Ministerio de Agricultura dan cuenta de la muerte de 370 mil animales como consecuencia de la temporada invernal, 300 mil de ellos son aves ponedoras y de engorde y otros 70 mil corresponden a bovinos, mientras que al menos un millón 500 mil vacunos fueron desplazados por las inundaciones.
Uno de los hechos más impactante se reportó en noviembre, cuando las intensas lluvias ocasionaron el rompimiento del Canal del Dique en el departamento de Atlántico, Caribe colombiano, que sumergió poblaciones enteras, afectó miles de hectáreas de cultivos y colocó en estado crítico la infraestructura vial.
Por otro lado, desplazamientos de tierra y avalanchas enlutaron al país, cuando localidades y caseríos enteros quedaron sepultados bajo el lodo y las rocas con cientos de sus habitantes, mientras pueblos y barrios tendrán que ser reubicados hacia zonas más seguras.
Frente a la magnitud de la tragedia sufrida por las lluvias, potenciada por el fenómeno de La Niña, el Gobierno colombiano decretó el pasado 7 de diciembre el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica, al tiempo que se calcula que la atención a los desastres costará más de cinco mil millones de dólares.
Situación que comienza hacer recurrente en la historia de Colombia, si se tiene en cuanta que el país presenta la ocurrencia de desastre más alta de America Latina durante los últimos 30 años –según algunos estudios- al registrar en promedio casi 600 eventos por año.
Entre los fenómenos que con mayor frecuencia originan desastres se encuentran las inundaciones con 36.8 por ciento, las deslizamientos de tierra con 25.5 e incendios urbanos con 7.6, lo cuales en su conjunto han causado el 70 por ciento de todos las tragedias reportadas en las últimas tres décadas.
Estos factores, unido al impacto que sobre el país deja sentir el cambio climático, trae consigo que los colombianos deberán ajustarse a las nuevas circunstancias, con temporadas más intensas de verano y de lluvias, ante lo cual 2010 fue testigo de esa realidad extrema climática.
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